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La Babel del cielo: el Tren de las Nubes

Todo empieza en la ciudad de Salta. Desde allí, bien temprano, un micro se abre camino hasta San Antonio de los Cobres, a 3775 metros de altura, desde donde arranca el Tren de las Nubes.

El paisaje que surca ese coloso de la ingeniería ferroviaria es de los más hermoso del norte argentino. Mientras se va subiendo cada vez un poquito más en altura, la sensación en el estómago es de ahogo por el apuntamiento mezclado con la belleza inigualable. Pero poco importa. Enseguida el cuerpo se acostumbra.

En el paraje El Alfarcito hay un desayuno para compartir entre los viajeros. Ahí, se cae en la cuenta de que el viaje y el grupo es una babel. Priman los turistas extranjeros que hicieron miles de kilómetros para estar ahí. Y disfrutan del viaje de manera muy conmovedora.

 

El Afarcito es un pequeño poblado donde se congregan 25 comunidades de la zona, que aprovechan para ofrecer sus artesanías. El colegio-albergue donde estudian más de cien chicos durante el año – algunos duermen ahí, otros hacen kilómetros y kilómetros entre los cerros a pie para llegar a clase- ofrece la oportunidad de terminar el secundario con una orientación turística. De esa manera, pueden desarrollar emprendimientos en el lugar de origen. Algunos de ellos, son los que dan la bienvenida en inglés a los visitantes de todos los rincones del mundo. Y son los anfitriones de este tramo.

 

Una vez que se termina el desayuno, el micro atraviesa la Quebrada de las Cuevas, la llanura de Muñaro, hasta el destino final: San Antonio de los Cobres.

Para cuidar a los visitantes del apunamiento probable, el grupo es acompañado por una ambulancia, con médico y enfermeras. Y también seguridad.

 

En San Antonio de los Cobres espera un gran mercado donde es posible comprar hierbas aromáticas que crecen en la zona (medicinales, estimulantes, digestivos, dilatadores sanguíneos) que se pueden tomar como infusión. Y también hay un taller de ónix y artículos de arcilla.

 

Y en la estación, por fin, espera el tren… El famoso tren que llega alto hasta las nubes. Los vagones que harán durante más de media hora el viaje más extraordinario que se pueda hacer, suben a 4200 metros sobre el nivel del mar, atravesando el viaducto la Polvorilla.

 

Las paradas son una invitación a conocer otras culturas, las de los cerros y la de las comunidades que viven allí, dispuestas a acoger a los visitantes de todos los rincones de la tierra.

 

Noviembre es el mes que podríamos llamar como “temporada alta”. El grueso de los turistas son francófonos: franceses y belgas. Seguido de alemanes, italianos, austríacos y, ahora, se empieza a ver el flujo de turistas japoneses.

Todos ellos van con la misma ilusión, atraídos por esa obra monumental del siglo pasado.

Una experiencia para vivir y compartir.

 

 

 

Tarifas y booking: http://www.trenalasnubes.com.ar/

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