Vinos

Espumantes en el Alto Valle

Agrestis es una de las pocas bodegas que elaboran con el tradicional método champenoise en el Alto Valle de Río Negro.

Chardonay en un sector y más allá, Pinot Noir. Allí, en una chacra de la localidad de General Roca, en la provincia de Río Negro, crece un desarrollo único: la producción de vinos espumantes con el método champenoise, un sistema que requiere esfuerzo, trabajo y tiempo. Llama la atención además, una pequeña parcela de Geguztraminen, variedad del Tirol, que ha dado algunas botellas de un espumante amarillo ámbar con muy buena corona que se produce 100 % extrabrut.

Norbero Ghirardelli es el ingeniero agrónomo que comanda la empresa y consultado acerca del origen del proyecto, se remonta a 25 años atrás cuando iniciaron la plantación.

“La bodega ya estaba, en condiciones de abandono,  con piletas con puertas de madera que cambiamos por otras de acero inoxidable y que revestimos por dentro con epoxi. Había un viñedo viejo y lo erradicamos. Plantamos especies importadas de Francia. Por aquel entonces  el “uno a uno” nos favorecía para importar tecnología, así como nos perjudicaba para exportar”.

Norberto explica que trajeron clones específicos de Chardonay y Pinot Noir para la elaboración de espumantes. “Justo por aquel entonces estaba Chandon haciendo importación y nos permitieron unirnos en su container. Trajimos a raíz desnuda y contra estación, llegaron en febrero/marzo y controlamos humedad hasta septiembre cuando las plantamos”.

Después, dependió del trabajo de la tierra y la naturaleza. Se demoraron cuatro años, mientras iban reciclando la bodega. “En 1997 hicimos la primera microelaboración de 1000 botellas y en 1998, empezamos con 8000 botellas. Ahora estamos 30000 botellas de espumantes y vinos tranquilos”.

Para los vinos espumantes usan método champenoise: “consiste en la producción de un vino base en la forma habitual pero que tiene una segunda fermentación dentro de la botella. El charmat es más industrial. Entre los dos sistemas hay una diferencia grandísima de calidad -sostiene Ghirardelli-  ya que con el champenoise tardamos 2 años y eso hace que el resultado final sea distinto. No siempre está reconocido; en nuestro país no existe la obligación de informar en la botella si es champenoise o charmat”.

 

Paciencia y trabajo. En el caso de los espumantes, “a partir de los vinos base se le agrega azúcar y levadura y se embotella y se cierra con tapa corona. La botella  pasa a la sala de cava, que es un lugar cerrado donde vamos a mantener una temperatura constante de 15 grados.  Allí, la levadura va a iniciar una segunda fermentación que irá transformando en más alcohol. Al estar en botellas cerradas, el gas carbónico queda diluido en el vino y se produce la gasificación del vino en forma natural. La fermentación tiene que ser lo más lenta posible, eso va a demorar tres meses. Para entonces la levadura que se muere se deposita en el fondo de la botella y esto va a quedar ahí como mínimo durante un año”, explica mientras muestra las botellas.

“Recién a los 10 meses se produce la autolisis, la ruptura de la pared celular y se liberan aminoácidos y son los precursores de aromas terciarios que son típicos de estos vinos”.

Una vez que termina reposo, hay que limpiar la botella y ahí se ponen donde va a estar casi horizontal, luego cada día  a darle una vueltita hasta quedar vertical. El residuo va a ir decantando. Luego se saca boca abajo y se le hace el degüelle, que consiste en congelar el pico en un congelador de cuellos; se forma como un corcho de hielo, cuando está solidificado, se destapa la tapa corona, ese hielo salta como tiro, con la borra y quedamos con el vino limpio y se coloca corcho.

La producción de Agrestis ronda 20000 botellas de blanco,  6000 Pinot noir y 4000 de Geguztraminen.

Andrea Albertano