Región de Ansenuza es sinónimo de paisajes que cambian, historias que emergen bajo el agua y pueblos que transformaron sus huellas en un motor turístico. En un rincón del noreste cordobés, la Laguna Mar Chiquita reúne biodiversidad, memoria colectiva y una identidad que se sigue escribiendo día a día. El presente convive con el pasado en una armonía única: ruinas que reaparecen, flamencos que tiñen el horizonte y comunidades que encontraron en el turismo sostenible una nueva forma de crecer.
La Para: la huella dorada del Hotel Savoy
A comienzos del siglo XX, La Para soñó con convertirse en un balneario de lujo frente a la inmensidad salina. Ese sueño tomó forma gracias a Pablo Guglieri, un inmigrante italiano que imaginó un proyecto adelantado a su época: el majestuoso Hotel Savoy. Con más de 130 habitaciones, usina propia, piscinas de agua dulce y salada, salones de fiesta y un muelle que avanzaba cien metros sobre la laguna, el complejo parecía salido de una postal europea.
El tren llegaba hasta su puerta, acercando visitantes que buscaban descanso, salud y una experiencia diferente. Sin embargo, una tragedia personal marcó el ocaso de aquella era: la muerte de Delia Guglieri, pionera aviadora e hija del fundador, impactó al pueblo y al proyecto. Con el paso del tiempo, la sal y el clima hicieron lo suyo. El hotel fue demolido en 1943, pero nunca desapareció del todo.
Hoy, parte de su historia vive en el Museo Histórico Municipal de La Para, donde se conservan vajilla, planos y fotografías originales. En Playa Villa Mar, los restos del antiguo edificio todavía aparecen entre los juncales, rodeados de flamencos y luz dorada. Es uno de los atardeceres más emocionantes de la región, donde pasado y naturaleza dialogan en silencio. A pocos metros, el nuevo Centro de Interpretación Reserva Municipal Bahía de Ansenuza invita a mirar este ecosistema con ojos sostenibles y a entender su enorme valor ambiental.
Miramar: la ciudad que aprendió a renacer
Durante los años setenta, Miramar vivió un esplendor que la convirtió en destino de moda. Sus hoteles rebosaban de turistas, las calles vibraban con propuestas culturales y el histórico anfiteatro Nocheramas reunía artistas como Los Iracundos, Sergio Denis o Violeta Rivas. Pero todo cambió en 1977, cuando una creciente extraordinaria duplicó el tamaño de la laguna y sepultó bajo el agua 37 manzanas completas.
Calles, comercios y edificios desaparecieron. La ciudad tuvo que trasladarse tierra adentro y empezar de nuevo. Décadas después, con la bajante, las ruinas de aquella Miramar emergen como un archivo vivo. En el antiguo Nocheramas todavía pueden verse las mesas moldeadas con llantas de tractor y parte del escenario original. Caminar entre esos restos, en silencio, mientras los flamencos sobrevuelan la laguna, es una experiencia que mezcla nostalgia y belleza.
Dos íconos completan la postal: el Gran Hotel Viena, rodeado de historias, mitos y una arquitectura singular, y los vestigios de la Colonia Müller, la famosa colonia naturista que dejó marcas que aún se descubren entre el agua y la sal. Entre ruinas, reflejos rosados y una luz que cambia minuto a minuto, Miramar ofrece uno de los atardeceres más cautivantes del país.
Marull: naturaleza abierta y sabores que cuentan historias
A unos 170 kilómetros de Córdoba capital, Marull seduce con calma, aire puro y paisajes abiertos. A solo 12 kilómetros, Playa Grande ofrece una costa extensa para observar aves, practicar pesca deportiva o simplemente contemplar el horizonte. El turismo activo crece año tras año: kayak en aguas calmas, trekking por Campo Mares, safaris fotográficos para capturar flamencos o caminatas interpretativas guiadas por expertos en fauna.
Los sabores locales marcan el cierre perfecto de cada jornada. Embutidos artesanales, picadas caseras y productos elaborados por familias del pueblo revelan una identidad gastronómica que se transmite de generación en generación. Es una mesa sencilla y auténtica, donde cada bocado habla de la región y su historia.
Un destino que se reinventa sin perder su esencia
Ansenuza es hoy un territorio que mira hacia adelante sin olvidar de dónde viene. La creación del Parque Nacional, los nuevos centros de interpretación y las propuestas que integran naturaleza, memoria y desarrollo marcan un modelo de crecimiento sostenido. Cada localidad aporta una mirada distinta, desde la nostalgia de sus ruinas hasta la vitalidad de sus humedales y su biodiversidad única.
Flamencos, playas extensas, pueblos resilientes y un ecosistema que sorprende en cada estación hacen de esta región un destino singular del noreste cordobés. Un lugar que aprendió de su pasado, abrazó la transformación y hoy invita a descubrir una historia que sigue escribiéndose frente a la laguna.














