El paracaidismo extremo ha alcanzado nuevas alturas gracias a los argentinos Alejandro Montagna y Marcelo Vives, quienes han logrado un asombroso récord mundial al saltar desde la estratósfera en plena noche, a una velocidad de 300 km/h. Esta hazaña histórica, realizada en las primeras horas del domingo 8 de septiembre en los Estados Unidos, ha capturado la atención internacional y ha establecido un nuevo estándar en el mundo del paracaidismo nocturno a gran altitud.
Portal Argentina tuvo la oportunidad de entrevistar a Marcelo Vives, uno de los protagonistas de esta proeza. En esta conversación exclusiva, Vives nos reveló los desafíos, emociones y el proceso detrás de este récord mundial. En este artículo, te contamos todos los detalles de esta aventura sin precedentes.
Un Año de Preparación: El Camino Hacia el Récord
La historia detrás de este récord mundial comenzó hace más de un año, cuando Alejandro Montagna y Marcelo Vives decidieron emprender esta odisea. Durante meses, ambos trabajaron meticulosamente en la planificación de cada detalle. El salto, realizado desde una altitud de 13.000 metros, fue el resultado de un esfuerzo conjunto que incluyó una gran inversión en equipo especializado, entrenamientos intensivos y la colaboración de expertos en paracaidismo, físicos y profesionales de varios sectores.
Marcelo nos contó en la entrevista que uno de los aspectos más desafiantes fue entrenar para las condiciones extremas que enfrentarían durante el salto. Desde la estratósfera, a temperaturas que descendían a -60 °C con una sensación térmica de -100 °C, y descendiendo a velocidades de hasta 300 kilómetros por hora, las condiciones superaban cualquier salto tradicional.
Un Salto en la Oscuridad: La Logística del Éxito
El salto tuvo lugar durante la noche, lo que le puso un condimento especial a este nivel de dificultad considerable a la hazaña. En una conversación con Portal Argentina, Marcelo explicó los momentos iniciales de la caída: “Al principio, durante el primer minuto, Alejandro y yo no sabíamos si estábamos sobre la zona de aterrizaje o no. La visual era muy confusa desde tanta altura. Igual ya no había nada que hacer.”
Por suerte, el tercer paracaidista del equipo, Taylor, quien estaba familiarizado con la geografía de la zona, pudo identificar puntos de referencia clave que los ayudaron a orientarse, como las luces de una prisión ubicada a cinco kilómetros del lugar de aterrizaje y las balizas de rescate marino colocadas estratégicamente sobre la pista. Esta precisión fue crucial para garantizar un aterrizaje seguro y exitoso.
El Desafío Físico: Condiciones Extremas a 13.000 Metros de Altura
El desafío para Alejandro Montagna y Marcelo Vives no fue solo la altura, sino también las condiciones físicas extremas que enfrentaron en la estratósfera. Mientras los saltos tradicionales en paracaídas suelen realizarse a altitudes de entre 2000 y 3000 metros, con una caída libre que dura alrededor de 45 segundos, esta hazaña ocurrió desde más de 13.000 metros, lo que representó un reto significativo. A esa altitud, las temperaturas extremas y la falta de oxígeno demandaron el uso de trajes presurizados y equipos especializados para soportar la caída a alta velocidad.
A lo largo de la entrevista con Portal Argentina, Marcelo Vives detalló cómo la velocidad de descenso, que alcanzó los 300 km/h, convirtió este salto en una de las experiencias más intensas de su carrera. A esta velocidad, las decisiones deben tomarse en fracciones de segundo, y cualquier error puede tener consecuencias fatales. Sin embargo, gracias a la preparación exhaustiva y la coordinación precisa, los tres paracaidistas lograron completar el salto con éxito.
Un Récord que Supera Expectativas
La hazaña de Montagna y Vives superó el récord anterior que había sido establecido en 2019, marcando un nuevo capítulo en la historia del paracaidismo mundial. Este salto no solo desafió los límites físicos, sino también los psicológicos, ya que la incertidumbre de la noche y las condiciones extremas aumentaron el nivel de dificultad.
Para Marcelo y Alejandro, este récord es el resultado de años de experiencia en el paracaidismo, pero también de una constante búsqueda por superar los límites y explorar nuevas fronteras. El hecho de haber logrado esta proeza en plena noche añade un nivel de dificultad único que no se había visto en récords anteriores.













