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Supervivencia, aventura y pesca extrema: Desafiá tus límites en la Finca Leguizamón

En General Madariaga, provincia de Buenos Aires

Durante muchos años, la Finca Leguizamón fue un secreto, un pequeño paraíso, conocido por pocas personas, privilegiadas; aventureros de los caminos que -viajando- llegaban hasta las pampas y lagunas de General Madariaga, un poblado ubicado cerca del mar, en medio de un ecosistema salvaje y rico. Místico. Allí, durante tres generaciones -abuelos, padres e hijos- se conformó, lentamente, una comunidad social y autogestionada de pesca artesanal, huertas orgánicas y -claro- expediciones de supervivencia extrema, en el océano, en las lagunas, en los campos vírgenes. 

Una experiencia única

Al calor de los fogones en las noches silenciosas, con el paso de los años, se forjó esta Finca, solo conocida por los relatos “de boca en boca”; un proyecto que jamás tuvo publicidad, ni página de internet, ni redes sociales. Y, tal vez por eso, se ha conservado con la notable pureza y originalidad autóctona de los parajes gauchos de Buenos Aires. Ubicada a cinco horas de Capital Federal, la estancia de los Leguizamón se caracteriza, antes que nada, por estar integrada con el pueblo. No se trata de un lugar cercado, alambrado, lejano. Sino, más bien, de cabañas -casas de familias camperas- a las que se puede llegar caminando desde la antigua estación del ferrocarril, creada hace más de cien años, en 1904. Una finca sobre el límite invisible del pueblo,  donde los caballos pastando anuncian que allí el casco histórico del pueblo termina, para dar vida a los campos inmensos.

Nazareno Leguizamón nació en 1990, tiene 31 años, y vive allí con Valeria, su compañera. Él es, de forma clara, el heredero de todos los conocimientos que adquirieron sus antepasados, gauchos rudos y bravos, que llegaron a estos “pagos del Tuyú”; de ellos, y desde su infancia, aprendió el arte de sobrevivir, de cazar, de pescar, de caminar los campos en la noche. Aprendió que a la muerte no se le teme sino que se la enfrenta; Nazareno conoce los caminos, las lagunas ocultas; desde los cimientos levantó su propia cabaña, donde siempre -por el cariño que le tienen- algunos vecinos llegan para trabajar y ayudarle con los alambrados, las tranqueras, las huertas. 

Pesca y asado

Es en este lugar donde, usualmente, los viernes cuando el sol comienza a irse, llegan los grupos de turistas que quieren desafiar sus límites con experiencias extremas de supervivencia. No hay dudas: la historia de vida de las tres generaciones de Leguizamón se ha transformado en el mejor sendero para conocer la historia de la Costa y de Madariaga. Y Nazareno, como heredero, se hace cargo de este legado. Los visitantes son recibidos sobre el comienzo del fin de semana con un asado en el campo; cuando la madera arde, llegan los pobladores, a conocer, escuchar, narrar. Luego de beber y de comer carne de vaca, ciervo, pescado o jabalí salvaje -bien temprano, al otro día- las camionetas saldrán hacia las costas de la reserva natural Querandí.



Cargada con kayaks, agua potable y carpas, sale una caravana de expedicionarios que se internarán en los médanos vírgenes para practicar la pesca con devolución, la vivencia extrema de la autosubsistencia. También llevarán, claro, zapallos, tomates, y diferentes vegetales de la Finca. El amanecer indicará la hora de partir. En la reserva, el clima agreste y las condiciones de tierras donde no habita el hombre, ponen a prueba los límites de los turistas. La soledad, la necesidad de entrar al mar para conseguir el alimento, las técnicas de fileteado de corvinas, tiburones, y otras especies. 

Kayak y supervivencia

Todos estos factores configuran un plan único. Un secreto guardado durante décadas. Después de varios días, los visitantes regresarán a Madariaga, donde aprenderán -tanto de las mujeres como de los hombres de la familia- como se trabaja esta carne en las cocinas de campo; la variedad del curso de gastronomía con el que concluyen las jornadas es amplia. Desde la producción de empanadas artesanales con la pesca del día, hasta el trabajo con cuchillo sobre piezas más grandes. En pocas palabras, y para evitar develar los misterios de la expedición, el plan consta de cuatro etapas. Primero, la llegada a la finca, con el curso correspondiente al armado de los equipos de supervivencia, con la capacitación previa para la adaptación al terreno; todo esto -obviamente- a la luz del fogón, durante un asado digno de reyes.

La segunda instancia de la expedición se desarrolla ya en los territorios -para la que el visitante puede elegir las lagunas silvestres o las costas del océano- y consiste en una jornada con el curso de pesca en kayaks, que se puede extender durante dos, o tres días. De regreso a la Finca, aún queda mucho por aprender: tras la supervivencia, llegan dos capacitaciones clave, y sumamente ricas en términos de conocimiento; se trata del curso de gastronomía rural, y una introducción al trabajo del tratamiento de cueros de especies autóctonas. Definitivamente, un plan inolvidable. Quienes deseen realizarlo -mejor dicho, quienes se animen- pueden contactarse con Nazareno al 2267-517854. 

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Escrito por Portal Producción

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