En este Día Internacional de la Mujer: ¿El vino tiene género? es la pregunta que nos invita a redescubrir una industria en plena transformación. Hoy, la presencia femenina redefine el consumo y el liderazgo en las bodegas argentinas, rompiendo viejos estereotipos y consolidando una cultura vitivinícola mucho más plural, diversa y profesional.
Por Marina Di Rocco | Especial para Portal Argentina
En el marco de un nuevo Día Internacional de la Mujer, la industria vitivinícola argentina se detiene a observar su propio reflejo. Durante siglos, el relato del vino fue escrito en clave masculina: el dueño de la bodega, el enólogo de manos curtidas, el crítico de voz grave o el caballero que, en la mesa del restaurante, recibía el corcho para dar su aprobación. Pero hoy, en pleno 2026, la pregunta ¿el vino tiene género? no solo es provocadora, sino que actúa como el punto de partida para entender una transformación cultural sin precedentes.
La sommelier y comunicadora Marina Di Rocco nos invita a descorchar los prejuicios y analizar cómo la presencia femenina está rediseñando cada eslabón de la cadena, desde el surco en el viñedo hasta la decisión final frente a la góndola.
La evolución de los roles en la cultura del vino
Históricamente, el acceso de las mujeres al mundo del vino estuvo limitado a roles secundarios o de acompañamiento. Sin embargo, los datos actuales cuentan una historia radicalmente distinta. La cultura del vino hoy es, en gran medida, sostenida por mujeres.
Según cifras recientes difundidas por la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), el panorama del consumo en nuestro país ha dado un giro significativo: seis de cada diez mujeres que consumen alcohol eligen el vino como su bebida de preferencia. Este indicador no es menor; refleja que el vino ha dejado de ser un «club de caballeros» para integrarse de forma natural y genuina en la cotidianeidad femenina, vinculándose con el disfrute, la salud y la sofisticación.
El fin del mito del «vino femenino»
Durante décadas, el marketing simplificó el gusto de las mujeres bajo la etiqueta de «vino femenino». Se asumía, casi por decreto, que ellas solo buscaban vinos rosados, dulces, ligeros o de baja graduación alcohólica. Pero la realidad del mercado es mucho más compleja y fascinante.
Si bien es cierto que entre los hombres el vino tinto domina con un 60-65% de las preferencias, las mujeres no se quedan atrás: cerca del 40-45% de ellas también elige tintos de cuerpo y estructura como su primera opción. El resto del espectro femenino se distribuye de manera equilibrada entre blancos de alta gama, rosados de estilo internacional y espumosos.
Lo que estamos presenciando en este Día Internacional de la Mujer es el fin de los compartimentos estancos. Hoy, el vino compite en un mercado de bebidas sumamente diverso donde la coctelería y la cerveza artesanal ganan terreno. En este contexto, la elección de una etiqueta se ha vuelto un acto de identidad: se elige el vino por su origen, por su historia y por su capacidad de maridar con un estilo de vida consciente.
El poder en la decisión de compra
Un aspecto fundamental que la industria está comenzando a capitalizar es el rol de la mujer como la gran decididora de compra. Diversos estudios de consumo en Argentina confirman que la mujer tiene un papel protagónico al momento de definir qué productos ingresan al hogar.
Esto significa que no solo están presentes en el brindis, sino que son ellas quienes investigan, comparan etiquetas y seleccionan el estilo de vino que se llevará a una cena familiar o a un encuentro con amigos. Entender esta dinámica es vital para las bodegas que buscan sobrevivir en un mercado globalizado: la comunicación ya no puede ser unidireccional; debe ser inclusiva y plural.
Liderazgo femenino: De la enología a la gestión
La transformación más profunda, quizás, sea la que ocurre puertas adentro de las bodegas. Actualmente, se estima que el 30% de la fuerza laboral en la industria vitivinícola argentina está compuesta por mujeres. Pero lo relevante no es solo el número, sino la jerarquía de los puestos que ocupan.
Hoy encontramos mujeres liderando áreas de enología, investigación científica, comercio exterior y comunicación. Figuras pioneras como Susana Balbo, la primera mujer enóloga de Argentina, o Laura Catena, cuya visión estratégica ha posicionado al Malbec en lo más alto del mundo, son solo la punta del iceberg de un movimiento que suma miles de agrónomas, sommeliers y especialistas.
Esta diversidad de miradas en la creación del vino aporta una sensibilidad distinta, una atención al detalle y una capacidad de gestión que enriquece el producto final.
Una cultura más plural y diversa
Llegando al final de esta reflexión, la pregunta inicial sobre si el vino tiene género parece tener una respuesta clara: el vino es, ante todo, una expresión cultural. Y como toda cultura, es un organismo vivo que evoluciona junto con la sociedad que lo produce y lo consume.
Más que buscar diferencias biológicas en el paladar, este Día Internacional de la Mujer nos invita a celebrar la democratización del placer. La visibilidad de la mujer como consumidora informada y profesional líder está logrando que el mundo del vino sea un espacio mucho más plural.
Al final del día, el mejor vino no es el que está pensado «para un género», sino aquel que es capaz de generar un encuentro, una conversación y un momento inolvidable.
Sobre Marina Di Rocco
Marina es Sommelier y comunicadora del vino. Se dedica a difundir la cultura vitivinícola con una mirada moderna y accesible.
Podés seguirla a diario en Instagram @marinasommelier














