La aventura en Esquel no termina cuando dejás la montaña atrás. Después de un día lleno de adrenalina, esquiando o explorando los senderos nevados, la mejor manera de completar la jornada es sumergirse en las delicias culinarias que esta ciudad patagónica tiene para ofrecer. Descubrí que en Esquel no solo se disfruta de la naturaleza, sino también de la gastronomía. En esta nota te cuento mi experiencia en dos lugares imperdibles donde el té, la pastelería artesanal y las tradiciones locales se combinan para ofrecer un cierre perfecto a cualquier día en la montaña.
¿Dónde disfrutar de una buena merienda en Esquel luego de un día de montaña?
Tea and Haiku: Un Viaje Sensorial a Través del Té
Mi primera parada fue en Tea and Haiku, un rincón encantador en pleno corazón de Esquel. Había escuchado maravillas sobre este lugar, así que no pude resistirme a la tentación de visitarlo. Estrella, la dueña y sommelier de té, ha creado un espacio único donde cada detalle está cuidadosamente pensado para transportarte a un estado de calma y reflexión.
Entrar en Tea and Haiku es como cruzar un portal hacia un mundo donde el tiempo parece detenerse. La decoración minimalista y el suave aroma a té te envuelven desde el primer momento. Decidí empezar mi experiencia con uno de sus blends artesanales: un té de rosas y frutillas que se sirve con una galleta de jengibre y miel. Cada sorbo era una explosión de sabores, y no pude evitar cerrar los ojos para disfrutarlo al máximo. La combinación de los pétalos de rosa y el dulzor de las frutillas me transportó a un jardín en plena primavera.
Estrella, siempre atenta, me invitó a participar en una de sus charlas sobre el arte del té. Aprendí que el haiku, una forma poética japonesa, es la inspiración detrás del nombre del lugar. Esta poesía busca capturar lo efímero de la naturaleza, una filosofía que Estrella aplica a sus creaciones. Los maridajes que ofrece son experiencias sensoriales que van más allá del gusto, integrando aromas, texturas y sonidos. No pude resistirme a probar su cheese-tea, un té negro con una suave crema de queso que le da un toque salado. La experiencia fue tan única como placentera.
Gene: Sabores de México en la Patagonia
Luego de la experiencia zen en Tea and Haiku, decidí explorar algo diferente y me dirigí a Gene, un café y pastelería con un toque mexicano en el centro de Esquel. Ubicado en una antigua casona de principios del siglo XX, Gene combina la historia arquitectónica de la ciudad con la rica tradición culinaria mexicana.
Gene, la dueña y chef del lugar, me recibió con una sonrisa cálida y un roll de canela recién horneado que, según me dijo, es una de las especialidades de la casa. No estaba equivocada: el rollo, cubierto con una capa generosa de glaseado, se deshacía en mi boca con cada bocado. La masa era ligera y esponjosa, mientras que la canela y el azúcar se combinaban en un equilibrio perfecto de dulzor y especias.
El menú en Gene es una celebración de la fusión cultural. Desde tartas de frutos rojos hasta galletas típicas americanas, cada opción está elaborada artesanalmente con ingredientes de la mejor calidad. Me dejé tentar por una tarta de limón y merengue que era un verdadero sueño: el contraste entre el ácido del limón y el dulzor del merengue era simplemente perfecto. Además, el café que acompaña estas delicias es tan memorable como la comida. Gene me contó que lo eligen cuidadosamente de pequeños productores, asegurando que cada taza sea una experiencia en sí misma.
Los Pinos y Pueblo Alto: Aventura y Té en el Corazón de la Naturaleza
Para cerrar mi recorrido, quise experimentar algo fuera del centro de la ciudad, así que me dirigí a Los Pinos y Pueblo Alto, dos lugares que combinan la belleza natural de Esquel con la gastronomía local, gran protagonista del invierno.
En Los Pinos, disfruté de una cabalgata que me llevó a través de paisajes impresionantes: arroyos cristalinos, montañas nevadas y una vegetación exuberante. Después de la cabalgata, la merienda fue el broche de oro: pan casero, mermeladas artesanales y un té de hierbas recién preparado, todo servido en un entorno rústico pero acogedor.
Por último, visité Pueblo Alto, un lugar donde la aventura se encuentra con la tranquilidad. Después de una emocionante sesión de canopy, donde volé sobre las copas de los árboles, me relajé con un té de campo en una cabaña de madera. El aroma a leña y la pastelería casera fueron el cierre perfecto para un día lleno de emociones.

La nieve en Esquel es mágica, y además es un destino donde los sentidos se despiertan y el alma se reconforta. Cada lugar que visité dejó una huella en mi memoria, no solo por la calidad de su gastronomía, sino por la calidez de las personas que lo hacen posible. Si tenés la oportunidad de visitar esta joya patagónica, no dudes en explorar su rica oferta culinaria. Te aseguro que cada bocado será un viaje en sí mismo.
José Argengo














