La Oxidada no es solo una exposición de autos antiguos: es una experiencia colectiva que mezcla historia, comunidad y tradición mecánica en un entorno donde el tiempo parece haberse detenido.
Este 1 y 2 de noviembre, el pequeño pueblo rural de Álvarez de Toledo, en el partido de Saladillo, volverá a rugir con motores, risas y anécdotas que cruzan generaciones. Más de 10.000 personas llegarán desde distintos rincones del país —y del exterior— para vivir dos días de pura adrenalina, música en vivo y sorpresas únicas, entre ellas el sorteo de un auto clásico restaurado que promete ser la joya del evento.
Un pueblo que se llena de historia, música y óxido
La fiesta nació hace casi una década y desde entonces se consolidó como uno de los eventos más emblemáticos del calendario fierrero argentino. Este año, vuelve a su lugar de origen, Álvarez de Toledo, con una edición que promete superar todas las expectativas.
El espíritu de La Oxidada está en los detalles: los autos, camionetas y motos antiguas que se exhiben con orgullo, los remates de vehículos clásicos, los autojumble donde se consiguen repuestos imposibles, y el “Living del Óxido”, un espacio pensado para disfrutar, relajarse y sacarse fotos rodeado de historia sobre ruedas.
“El evento que todos esperamos vuelve a sus raíces”, dicen los organizadores, con una sonrisa que deja ver la emoción del regreso.
Asfalto, rock y buena comida
El sábado por la noche, la OxiFest le da ritmo al encuentro con música en vivo, food trucks y un ambiente familiar que se extiende hasta entrada la madrugada. El domingo continúa la exhibición y se suman nuevas actividades, ideales para grandes y chicos.
Cili Colmenero, uno de los organizadores, lo resume así:
“La Oxidada es única porque combina lo estático y lo dinámico. Se viven experiencias, se comparte, se aprende. Hay autos americanos, nacionales, hard rock, strip rock… Es un encuentro entre generaciones que aman lo clásico.”
Además, este año habrá una propuesta inédita: el remate de autos clásicos y el sorteo de un Siam Di Tella 1960 completamente restaurado, una verdadera pieza de colección que simboliza la esencia del evento: la pasión por lo antiguo, pero siempre en movimiento.
Un evento que trasciende los fierros
Más allá del rugido de los motores, La Oxidada también es una celebración de lo comunitario. El encuentro no solo impulsa el turismo rural, sino que también fortalece la identidad de los pueblos del interior bonaerense.
Álvarez de Toledo, ubicado a apenas 16 kilómetros de la ciudad de Saladillo, mantiene la calma y el encanto de los pueblos de antaño: calles de tierra, fachadas antiguas, vecinos que saludan en la vereda y la pulpería abierta donde aún se sirve comida casera y vino en damajuana.
El evento dinamiza la economía local, potencia el trabajo de artesanos, emprendedores y productores, y convierte a este rincón rural en un destino obligado para quienes buscan experiencias auténticas, entre fierros, historia y asado.
Cómo llegar y qué esperar
Álvarez de Toledo se encuentra a 180 km de la Ciudad de Buenos Aires. Se puede acceder por la Autopista Ezeiza-Cañuelas y luego la Ruta Nacional 205. Durante el evento, la entrada es libre y gratuita, y hay estacionamiento, food trucks, ferias y zona de camping.
Quienes llegan por primera vez se sorprenden por el ambiente: música, aroma a nafta y chorizo, familias completas paseando entre vehículos que marcaron época, y fanáticos que viajan desde provincias tan lejanas como Chubut, Jujuy o incluso desde Brasil.
En palabras de los organizadores:
“La Oxidada no es solo un evento de autos. Es una historia que se comparte en familia, un viaje al pasado con la energía del presente.”
Un pueblo que late entre óxido y tradición
Entre los clásicos brillando al sol, el sonido de motores antiguos y los aplausos del público, La Oxidada 2025 vuelve a recordarnos que los pueblos rurales también son destino, y que la pasión —cuando se comparte— tiene motor propio.














