El Touring Club de Trelew es uno de esos lugares que uno no puede simplemente “visitar”. A este bar clásico hay que vivirlo. Desde que entrás, sabés que no estás en un lugar cualquiera. Te lo dicen las paredes tapizadas de fotos, recortes de diarios amarillentos, botellas antiguas y hasta un Gauchito Mundial ’78 que cuelga con la albicelente de capa como quien cuelga recuerdos. No exageramos si decimos que hay energía en el aire. Algo late ahí adentro.
Nos recibió Rafael Fernández, el actual propietario, con una sonrisa y muchas ganas de compartir su testimonio. Él y su hermano, actualmente, son los guardianes de miles de anécdotas, mitos y verdades que pasaron entre esas mesas y habitaciones.
El día que Saint-Exupéry cruzó la puerta

Entre una anécdota y otra, Rafael nos muestra la mesa del bar en donde se sentó a descansar y recargar energías nada menos que Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito. Estuvo en Trelew mientras trabajaba como piloto del correo aéreo en la Patagonia, y muchos aseguran que el desierto patagónico fue inspiración para varias de sus obras.
Imaginate dormir en la misma pieza que ese tipo. Lo dijimos y lo repetimos: esto no es un hotel común, ya que el año que viene cumple 100 años y muchas celebridades pasaron por sus cuartos.
La habitación de los forajidos

si hablamos de leyendas, la historia más picante es la de Butch Cassidy, Sundance Kid y Ethel Place. Sí, los bandidos más famosos del Lejano Oeste también anduvieron por estas tierras… ¡y durmieron en el Touring Club!
La habitación en la que se alojaron sigue intacta, conservada como una joya temática. Podés visitarla y sentir ese cosquilleo de saber que ahí durmieron, pensaron, y tal vez conspiraron los integrantes de la Wild Bunch, una banda que tenía a medio Estados Unidos tras sus pasos y por los que pagaban una recompensa muy abultada.
De presidentes y palmeras
Pero no todo es forajido y novela. En 1899, el Touring Club recibió al mismísimo Julio Argentino Roca, y durante el siglo XX, fue parada habitual de políticos, artistas, aventureros y toda clase de personajes. Afuera, el patio de la palmera sigue siendo un rincón perfecto para charlar largo, tomar algo fresco y pensar en todo lo que esa palmera ha visto.
Almorzar con historia: menú, ambiente y recomendaciones
Pedimos un almuerzo clásico para seguir con el cronograma de viaje: pizza con gaseosa ( y al otro día el sándwich especial de Jamón crudo y queso). Todo rico, hecho en el momento y sin vueltas. Pero lo mejor no estaba solo en el plato. Lo mejor era levantar la vista y leer las paredes, escuchar a los mozos, ver entrar a los vecinos, y darte cuenta de que estás comiendo en el mismo lugar donde se escribió parte de la historia de la Patagonia.
Después, café con leche y medialunas mirando una portada del diario “El Chubut” del año ‘47. ¿Qué más querés?
Todo lo que tenés que saber para visitar el Touring Club de Trelew
📍 Dirección: Av. Fontana 240, pleno centro de Trelew.
🕒 Abierto: Todo el año. Ideal para desayuno, almuerzo o merienda.
🛏️ Hotel: 30 habitaciones (singles, dobles, cuádruples). El precio con desayuno y cochera ronda los $25.000 por persona.
🖼️ Qué no perderte: La habitación de Butch Cassidy, la colección de botellas (más de 2000), las fotos antiguas y la charla con Rafael.
🏛️ Dato extra: Fue declarado Patrimonio Natural y Cultural de la Ciudad en 1995.
¿Cómo llegar?
Dormir en un pedazo de historia
Y si querés que la experiencia sea completa, quedate a dormir. Las habitaciones conservan el estilo de época, pero están reacondicionadas para recibir viajeros actuales. Te vas a dormir en el 2025, pero te vas a despertar en 1923.
Un tesoro que sobrevive al tiempo
Salir del Touring Club es como salir de un sueño. La ciudad sigue su ritmo, pero vos te quedás un rato más masticando todo lo que viste y escuchaste. Este lugar es una joya viva. De esas que hay que proteger, visitar y recomendar.
Si estás por Trelew o de paso por la comarca no lo dudes ni un segundo: entrar al Touring Club es como abrir un libro que no se termina nunca. Nosotros fuimos por un almuerzo… y salimos con otra historia para contar.














